miércoles, 13 de agosto de 2008

Las Plumas


Desde que tuve que aprender a utilizar el plumín, el tintero y el secante para examinarme de caligrafía, al estudiar el Secretariado, me aficioné a la escritura con pluma.

Siempre que puedo utilizo un pluma para escribir en lugar de un boligrafo, y cuando trabajaba como Secretaria en Madrid, incluso cogía taquigrafía con una pluma muy finita que me regalaron una Navidades y que tiene el plumín totalmente doblado de tanto usarla.

Siempre me ha gustado la escritura y siempre he lamentado no haber aprendido más o haber hecho cursos de caligrafía. Y cada vez que veo los libros de canto gregoriano, los códices de bibliotecas, e incluso los libros de la carrera de mi bisabuelo, me da mucha rabia no haber tenido tiempo para dedicarme a la caligrafía como me hubiera gustado.

Por ello empecé a coleccionar plumas. Desde esa que utilizaba para coger taquigrafía en el trabajo, hasta la última de tinta verde, me ha pasado como con los osos de peluche, que además de comprar los coleccionables de plumas, he ido recopilando otras de todo tipo.

Las de la foto las compré en el último viaje que hice a Barcelona, y tonta de mí, en lugar de comprar 5 que eran los tinteros que tenía, compré solamente 3, por lo que tengo que volver a Barcelona, y esta es la excusa perfecta.

Ahora y gracias a Internet, herramienta de la que yo renegaba y de la que ahora no puedo prescindir, he encontrado un pueblo en la provincia de Valladolid, Urueña, que además de ser la Villa del libro, hay quién organiza cursos de caligrafía de muchos estilos.

Cómo ya he comentado antes, soy adicta a los balnearios, y también he encontrado muy cerquita de esta Villa, un Balneario que tiene muy buena pinta, así que no encuentro el momento de poder organizar unas vacaciones, pasando por un curso de caligrafía en Urueña y terminado en Medina del Campo, en el Palacio de las Salinas, relajándome. Ahora con el ave Málaga-Madrid, Madrid-Valladolid, me lo están poniendo hasta fácil.